miércoles, 9 de octubre de 2013

Días malos...


Hay días malos, días en los que quiero cerrar los ojos y detener el tiempo, si es posible, regresarlo. 
Hay días malos, días en los que pienso en por qué estoy tan sola y en si no sería más conveniente decir lo que los demás quieren escuchar y no lo que mi boca quiere decir. 
Hay días malos, días en los que siento el cuerpo cansado, a veces he llegado a pensar que tengo algún tipo de condición extraña donde en apariencia física tengo mi edad, pero por dentro vivo otra, me siento fatigada, abrumada, sin ganas de seguir. 
Hay días malos donde me pregunto ¿por qué estar enferma? ¿Por qué la gente que amo le pasa algo malo? ¿Por qué tengo miedo a las relaciones interpersonales? ¿Por qué soy tan patética que me da alegría mi vida de rol?
Hay días malos, días donde me pregunto a donde iré a parar y si en algún momento me podré situar en la realidad en que estoy viviendo. 
Hay días malos en los que acepto que no es verdad que no me importe la baja perspectiva de tener hijos, que no tengo una cuenta de ahorros, que no tengo algún buen pasatiempo y que el tiempo no me espera para que me suba en ese tren llamado vida.
Si, hay días malos... días donde no quiero pensar, sentir, oler, ver... tocar...Hay días malos. Hoy es uno de esos.

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